Lista de productos por fabricante Bodegas Roda SA

En nuestro proyecto hay dos fincas, dos paisajes distintos para dos aceites distintos, AUBOCASSA y DAURO, pero con un lugar de encuentro: el Mediterráneo.




AUBOCASSA
La finca Aubocassa (Albocasser) está en Mallorca (Islas Baleares) en el término de Manacor, al este de la isla, uno de los pocos lugares donde el sabor de la Mallorca agraria ha sabido perdurar a lo largo del tiempo.


Es una antigua heredad, ya citada en los documentos del s. XII en la que el paso de la historia ha ido dejando muestra de los distintos cultivos que han forjado el campo mallorquín. Los ullastres son testimonio inequívoco de su pasado oleícola; el celler nos habla de su esplendor vitícola; los corrales y la frondosa pleta de sesteo recuerdan su época ganadera; las antiguas cisternas de acumulación de agua de lluvia indican la filosofía de aprovechamiento del Mediterráneo; y los almendros, higueras y algarrobos son el sello agrícola del s. XIX y XX.


La pequeña iglesia de la finca ha sido testigo de esta evolución y preside junto a sus dos cipreses, el resurgir de los olivares y de un aceite insospechado.


Los suelos son calizos, formados por un hojaldre de lastras horizontales que guardan entre sí acumulaciones de arcillas fértiles. Las raíces aprovechan las fisuras para atravesar las lastras y exploran con avidez los sucesivos pisos.



DAURO
DAURO nace en una finca del Empordà que está en la provincia de Girona, en los términos de Ciurana y Torroella, a pocos kilómetros de las ruinas romanas de Empurias.


Los Pirineos y el Mediterráneo, el mar y la montaña, son binomios que han marcado siempre el carácter Empordanès.


Hay distintos tipos de suelo, pero mayoritariamente están formados por una capa de profundidad variable, de tierra de textura franca y gravas, asentada sobre un perfil cálcico poco cimentado, que permite un excelente desarrollo radicular.


En el Empordà hay un meteoro que marca la vida vegetal, e incluso el paisaje, es el viento del norte, la tramuntana, viento intenso y continuo que cuando sopla invita a los olivos a hacer reverencias al mediodía. La tramuntana barre las nubes y limpia el cielo, dejando una transparencia y luz increíbles. Luz y aireación, las dos grandes exigencias fisiológicas del olivo.


Hasta el año 1956 todas estas tierras fueron olivares, pero en una aciaga mañana de febrero una helada diezmó las plantaciones. Durante la segunda mitad del s.XX, los cereales y la alfalfa colonizaron estos suelos, hasta que nuestro proyecto DAURO devolvió al paisaje el árbol que lo había acompañado desde la invasión del imperio romano.

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